Cómo aprovechar tu primer masaje
Qué comer antes, qué decirle al terapeuta y por qué la hora siguiente importa tanto como la sesión.
La primera vez que alguien se sube a una camilla suele pasar lo mismo: llega tarde, con hambre, con el celular en la mano, y se pasa los primeros veinte minutos decidiendo si duele o no duele. Cuando por fin se relaja, el terapeuta ya está cerrando. Se paga una hora y se aprovecha media.
No hay mucho misterio en evitarlo. Son cinco o seis decisiones que se toman antes de entrar.
Las dos horas de antes
Come algo ligero entre una y dos horas antes. Ni con el estómago lleno —boca abajo, con presión en el abdomen, una comida pesada se vuelve incómoda— ni en ayunas, porque el descenso de la presión arterial al final de la sesión se siente mucho más si no comiste.
Toma agua durante el día. No un litro de golpe al entrar: eso solo garantiza que interrumpas la sesión para ir al baño.
Y llega quince minutos antes. No es una formalidad de recepción. Es el tiempo que tarda tu sistema nervioso en registrar que ya no estás en el tráfico. Quien llega corriendo y se acuesta de inmediato necesita casi media hora de masaje solo para bajar de revoluciones.
Lo que sí hay que decir
El terapeuta no adivina. Antes de empezar dile, aunque te parezca obvio:
- Dónde te duele y desde cuándo.
- Si hay zonas que prefieres que no se trabajen.
- Cirugías recientes, lesiones, hernias, várices, embarazo.
- Si tomas anticoagulantes o estás en algún tratamiento médico.
- Alergias a aceites o esencias.
Esa conversación de tres minutos cambia por completo la sesión. Un drenaje linfático y un descontracturante se ven parecidos desde afuera y no tienen nada que ver por dentro.
La presión correcta no es la más fuerte
Existe la idea de que si no duele no sirve. Es falsa, y además es contraproducente: cuando la presión rebasa tu tolerancia, el músculo se contrae para protegerse y el terapeuta termina trabajando contra un tejido en guardia.
La referencia útil es esta: debe sentirse intenso pero deberías poder seguir respirando normal. Si contienes el aire o aprietas la mandíbula, es demasiado. Díselo en el momento. Un buen terapeuta agradece la corrección; nadie se ofende porque le pidas menos fuerza.
Si tienes que contener la respiración para aguantar, no es que seas delicado: es que la presión está por encima de lo útil.
Durante
Respira por la nariz, lento y hacia el abdomen. Cuando el terapeuta llegue a un punto denso, exhala en lugar de tensarte.
No tienes que platicar. Tampoco tienes que quedarte callado si eso te incomoda. Y si te da sueño, duérmete: es la señal de que el sistema nervioso parásimpático tomó el control, que es justamente el punto.
Sobre la ropa: te desvistes hasta donde estés cómodo. La sábana cubre todo el cuerpo y solo se descubre la zona que se está trabajando. En reflexología, champie o shiatsu en silla ni siquiera hace falta desvestirse.
La hora de después
Aquí se pierde la mitad del beneficio. Levantarse de la camilla y regresar directo a una junta borra buena parte de lo que acaba de pasar.
Levántate despacio, siempre. Es normal sentirse ligeramente mareado los primeros segundos. Date un baño si el lugar tiene regaderas —en OMLAM están incluidas— y toma agua. Si puedes, deja los siguientes treinta o cuarenta minutos sin compromisos.
Evita ese mismo día el entrenamiento intenso y el alcohol. Los dos van en contra de lo que acabas de hacer.
Si al día siguiente amaneces adolorido
Puede pasar después de un deep tissue o un descontracturante, sobre todo la primera vez. Se siente como después de entrenar y suele durar de veinticuatro a cuarenta y ocho horas. Calor local y movimiento suave ayudan.
Lo que no es normal: dolor agudo, moretones extensos, hormigueo o adormecimiento persistente. Si aparece algo así, avísanos y consulta a tu médico.
Una sesión o tres
Para desconectarte un rato, una sesión cumple. Para una contractura que llevas meses cargando, una sola no la va a resolver: el músculo lleva tiempo aprendiendo esa postura y necesita repetición para desaprenderla. Por eso los paquetes de tres, espaciados cada siete o diez días, dan resultados que una sesión aislada no da.
Cuándo mejor no
Hay situaciones en las que conviene posponer o consultar primero con tu médico: fiebre o infección activa, tromboflebitis o sospecha de trombosis, fracturas recientes, quemaduras o heridas abiertas en la zona, brotes de enfermedades de la piel, y embarazo de alto riesgo. En cáncer, hipertensión no controlada o tratamiento con anticoagulantes, el masaje suele poder hacerse con adaptaciones, pero la decisión es de tu médico tratante, no del spa.
Esta guía es informativa y no sustituye una consulta médica. Si tienes una condición de salud, estás embarazada o tomas algún medicamento, conóctalo con tu médico antes de iniciar cualquier tratamiento y comentánoslo al reservar.
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